Lograr ser un líder excelente requiere de presencia, consciencia y congruencia. Y todas ellas se manifiestan día a día en nuestra forma de estar en el mundo, en nuestra actitud, en nuestro comportamiento, en nuestros movimientos, en nuestro lenguaje corporal, en nuestro discurso, y en el sentido y dirección que imprimimos a todo lo que hacemos y decimos. Nuestra sociedad está gritando en silencio la necesidad de contar con personas que ejerzan un liderazgo de altura.

Liderar es influir, y por eso es tan importante ser conscientes en todo momento de en qué queremos influir y cómo lo estamos haciendo, lo cual precisa de altas dosis de atención y observación sobre nuestra presencia y nuestro discurso, sobre la imagen que estamos proyectando, y sobre lo que estamos comunicando.

La excelencia en el liderazgo requiere de una solidez flexible, de una originalidad congruente, y de una rebeldía convincente. Y todo ello no se aprende en cursos, talleres y conferencias, es fruto de la experiencia, la reflexión, la impecabilidad personal, y la mejora continua.

Fruto de mi experiencia trabajando con diferentes tipos de líderes, observando sus comportamientos e interacciones, de la investigación y lectura en materia de liderazgo, y de las reflexiones sobre mi propio camino de aprendizaje en el liderazgo, quiero compartir contigo algunas de las piezas clave para construir un liderazgo de altura:

1.- El cuidado estético del liderazgo: cultivar conversaciones inteligentes, discursos coherentes, lúcidos, con profundidad y sentido. Diferenciarse a nivel comunicativo, tanto a nivel verbal como no verbal. Un líder de altura crea música con sus palabras, y una danza con sus gestos, esto le permite resonar y diferenciarse. Esto implica elegir cuidadosamente qué digo, donde lo digo, a quien se lo digo, cómo lo digo. También elegir donde estoy y donde no estoy, con quien estoy y con quien no estoy, que acepto y que no acepto. Especialmente relevante es el cuidado de la estética en las redes sociales: videos en youtube, fotografías en Facebook, instagram, comentarios sobre diversos temas en diversos espacios virtuales, etc.

2.- Cultivar la sociabilidad: un líder de altura es amable, tiene facilidad de conversación, de conexión con todo tipo de personas, despierta interés y deseo de estar a su alrededor. Ser sociable no es estar en todos sitios, intentar agradar a todo el mundo a costa de nuestros deseos, ni tan siquiera gozar de una natural simpatía. Ser sociables es entablar relaciones que permiten a ambas partes compaginar y satisfacer sus intereses mutuos, y buscar puntos de conexión a pesar de las diferencias. Ser sociables es tener interés y aprecio por las personas, por descubrir sus aspectos positivos, el valor que aportan, y construir una relación basada en hacer crecer ese valor y aportación. Una característica que para mi define a las personas sociables es que logran que una persona, que prácticamente no las conoce, se abra a ellas y lleguen a una comunicación de hermandad, sin llegar a crear un vinculo intimo de amistad.

3.- Fortalecer el capital psicológico para construir una seguridad psicologica a su alrededor: Un líder de altura no pierde la calma, no se precipita, no se bloquea en momento de incertidumbre o presión, no le arrastra el clima del entorno. Fortalecer el capital psicológico (autoeficacia, optimismo, esperanza y resistencia) mantiene al líder en su eje, en equilibrio, cuando todo se desmorona o se desequilibra a su alrededor. Esta actitud es un modelo de comportamiento que lanza un mensaje muy importante a las personas que le rodean. Un mensaje de serenidad, de confianza y seguridad que permite reestablecer el equilibrio, y con él, empiecen a emerger las capacidades más elevadas de las personas, como la creatividad, la réflexión, la visión, que son necesarias para afrontar los retos.

Como Peter Drucker mencionó en un Congreso ante más de 500 ejecutivos, lo que mejor define a un líder es que es un “absorbente de incertidumbre”.

El líder que observa con perspectiva y con altura

El líder que observa con perspectiva y con altura

4.- Gestionar la energía del entusiasmo: un líder de altura sabe cuando tiene que ponerse al frente, generar la visión, defenderla con arrojo e impulsarla con entusiasmo. También sabe cuando retirarse y dejar hacer a otros, y cuando intervenir si se producen desorientaciones de la meta, bloqueos, transgresión de límites y otros elementos que pueden hacer peligrar el logro del propósito común.

El entusiasmo se contagia con una expresión auténtica de la pasión y la convicción que el líder tiene sobre su meta y su propósito. Con una puesta encima de la mesa de los valores y principios que van a guiar el camino hacia la meta, siendo claro con lo que está dispuesto a hacer y no hacer, lo que acepta y lo que no tolera. Un líder no pierde la perspectiva de la realidad por un chute de entusiasmo, y esto es clave para mantener un nivel de entusiasmo adecuado en su equipo, lo contrario crea confusión y frustración.

5.- Saber crear comunidades basadas en la confianza, la seguridad psicológica, el aprecio y el bienestar: esto requiere un estilo de liderazgo fluido, un “liderazgo de mano de hierro en guante de seda”, saber comunicarse de manera firme y efectiva, pero también cálida y afectiva.

Un líder debe saber autoafirmarse para ganarse el respeto, haciendo ver a sus colaboradores que detrás de ello hay una voluntad de hierro para lograr la meta. Y a la vez, tiene que saber empalizar para ganarse el aprecio del equipo haciendo sentirles que está ahí para escuchar, para comprender, para apoyar cuando sea necesario, porque las mentas sin las personas no son posibles.

6.- Equilibrar el sentido de individualidad con el sentido de equipo: creo que un verdadero líder, además de distinguirse por saber absorver la incertidumbre, se distingue por saber darle a cada uno su lugar en el equipo, haciendo que se sientan importantes y tengan satisfechas sus necesidades de reconocimiento individual, sin que esto entorpezca el trabajo en común y la consecución de la meta. Esto implica una asignación impecable de roles y hacer ver de forma permanente la importancia de la contribución de cada rol al equipo, así como las debilidades de cada rol que el equipo debe comprender, para no poner por encima de la meta común los conflictos personales.

7.-Crear y mantener el flujo del liderazgo: Un lidera sabe estar en permanente estado de flujo, transitando de forma serena por diferentes mares: el mar de lo racional y lo emocional, el mar de lo individual y lo colectivo, el mar de la creatividad y el análisis, el mar de la introversión y la extroversión, el mar de la reflexión y la acción, el mar de lo nuevo y lo viejo, el mar de la presencia y la ausencia…..  El líder fluye porque se adapta a cada persona, a cada contexto, a cada situación y a cada momento, sin perder su autenticidad y sin generar quiebras en el sistema. Es el líder con su comportamiento quien impulsa el flujo del equipo y del entorno hacia un sentido u otro, según lo requiera la travesía del camino a la meta.

Liderar es una tarea de gran responsabilidad que exige ser capaces de saber gestionar la influencia personal que ejercemos en los demás, por eso es imprescindible que todo líder éste en permanente estado de búsqueda y experimentación de la excelencia, y practique un liderazgo de altura.

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