En una sociedad líquida, como la que describe Zygmunt Bauman, parece que la consistencia es una cualidad poco probable, difícilmente sostenible, y hasta poco deseable. Si todo cambia continuamente, si nada parece permanecer, si todo gira en adquirir para usar y tirar para poder volver a adquirir lo último, lo nuevo, hasta que llegue algo más nuevo, lo consistente tiene una ardua batalla que librar para sobrevivir.

”La vida líquida es una vida precaria y vivida en condiciones de incertidumbre constante” Zygmunt Bauman

Si no podemos eliminar la incertidumbre, al menos podremos gestionarla para evitar vivir en precariedad, y con la sensación de no tener ningún tipo de propiedad sobre nuestra vida. Lo contrario nos aboca a la inseguridad permanente, y con independencia del nivel de intensidad de seguridad que cada uno necesite, está claro que el ser humano necesita ciertas dosis de ella para poder crear, crecer, desarrollarse, adaptarse a los cambios, superar retos, en definitiva, para vivir.

Ante esta tesitura y, siguiendo las propias palabras de Zygmunt Bauman, sobre donde está la clave para lograr el equilibrio en una vida líquida: sostener ligeramente lo que se vaya presentando y soltarlo con elegancia, o lo que es lo mismo, fluir elegantemente con la vida, creo que la consistencia es una cualidad a potenciar.

Entiendo por consistencia, la coherencia entre los distintos roles que conforman nuestra actuación como personas, la solidez y estabilidad personal a pesar de los cambios y las transformaciones, la ejemplificación de un comportamiento que aporta confianza, mantener una correlación (que no similitud absoluta) en nuestras decisiones, nuestros proyectos, y nuestras acciones, un propósito de vida, una trayectoria vital consistente.

La consistencia inspira confianza en nosotros mismos, en los demás, y hacia los demás, si estos la demuestran. La confianza es el pilar de las decisiones, de las acciones, de las relaciones, del trabajo en equipo, de la convivencia organizacional y social. Necesitamos creer en nosotros, en los demás, en nuestras promesas y en sus promesas, para trabajar juntos y vivir en sociedad. Lo contrario nos aboca a la desafectación, a la desconexión, a la desvinculación, a la desesperanza y al cansancio moral, la epidemia del siglo XXI, como dicen Jaume Soler y M. Mercé Conangla. En un mundo que está viviendo la esquizofrenia permanente del cambio, si este no se gestiona con consistencia, de la incertidumbre pasamos al miedo, y de este a la paralización, la huida o el enfrentamiento continuo.

“La paradoja del cambio es que, precisamente, tanto cambio inconsistente está generando una resistencia generalizada al cambio, un no cambio o un cambio ineficaz o insostenible.”

Necesitamos líderes consistentes que gestionen cambios consistentes. La consistencia de un líder da lugar a su credibilidad, y esta es la que genera la confianza para que otros se movilicen en torno a él, en búsqueda de consejo, de inspiración, de luz, de opinión, de compañía para hacer el camino. Como ya contaba hace días en este blog, la confianza se gana a través el ejemplo. En ella tienen mucho que ver la percepción de competencia e integridad que los demás tienen sobre nosotros, que se basa en los comportamientos que nos ven realizar, y en los resultados que obtenemos con ellos.

Competencia, creer que el líder tiene los conocimientos, experiencia, y habilidades necesarias para lograr aquello que propone o se compromete. Y esa creencia, al igual que las de auto-eficacia, están basadas en los logros pasados y demostrados.

Integridad, creer que el líder no va a faltar a los compromisos y valores asumidos, lo que implica responsabilidad, congruencia, coherencia, comportamiento ético, honestidad, respeto, firmeza en las acciones. Hacer lo correcto por las razones correctas del modo correcto. La creencia de integridad se deriva de la consistencia en la corrección en los comportamientos desplegados en distintas situaciones.

Consistencia

En definitiva, un líder consistente es aquel que sabemos que no nos va a fallar, no nos va decepcionar, y que cuando nos sorprende es siempre en positivo. Un líder consistente está siempre a la altura de las circunstancias. Quiero compartir contigo lo que para mi son los 7 comportamientos clave de un líder consistente:

1.-Fijación de objetivos y planes futuros claros, transparentes, viables, inclusivos: no se trata solo de evocar visiones, sino de que estas sean convincentes, que las personas vean que se pueden tangibilizar, porque se les ha explicado con claridad cómo hacerlo o las posibilidades para ello, y qué papel tienen cada uno en ello. Además, para fijar esa visión, así como el objetivo y los planes para lograrla, se ha tenido en cuenta a todos, a las diferentes voces, culturas, etc.

2.-Eliminación de lo superfluo, lo que suponga agravios comparativos, los excesos, lo innecesario, centrándose en lo importante, lo relevante, lo que verdaderamente aporta valor para todos y para la consecunción de la meta común. No permitir tratos de favor, privilegios, despilfarros, apropiaciones indebidas materiales, de logros y méritos, actuaciones interesadas que solo benefician a uno y perjudican a otros, manipulaciones, falsificaciones, abusos de poder, discriminaciones, chismes, rumores. Todo ello es una fuente de contaminación emocional y ética que acaba destruyendo cualquier proyecto en común.

3.-Afrontar de forma abierta, trasparente, valiente e inclusiva los problemas, por difíciles que sean, y teniendo en cuenta a todas las partes implicadas. No mirar para otro lado, esperar a que pasen, a que otros los solucionen, o a que se olviden. Ser firme en la exigencia de responsabilidades y compromisos, no tolerar los comportamientos no éticos, dañinos, que vayan en contra de los valores y compromisos asumidos.

4.- Tomar decisiones que no sean contradictorias, comportarse de acuerdo a las decisiones tomadas y a las promesas realizadas, tanto explícitas como tácitas. No generar expectativas que no se pueden cumplir. Alinear las decisiones con la meta y con los valores. Reflexionar constantemente sobre los resultados, efectos, y consecuencias de nuestras decisiones para someterlas al juicio de la consistencia y aprender a mantenernos en él.

5.-Ejemplificar en cada palabra, en cada mensaje, en cada acción, en caga gesto, en cada símbolo, los valores que se predican, la alineación con la meta y con las acciones que se proponen para conseguirla. Ser claro e inequívoco en lo que se dice, verbal y no verbalmente, no tergiversar, ocultar, insinuar, edulcorar, todo ello generar confusión y conflicto.

6.- Tener en cuenta las diferentes sensibilidades, opiniones, ideas, enfoques. Escuchar, observar, dialogar. Permitir que todos puedan expresarse, con respecto y claridad, interesarse por su punto de vista, tenerlo en cuenta, lo cual no significa ni compartirlo ni ajustarse a él, pero si incluirlo en la toma de decisiones de forma razonada y congruente.

7.-Acompañar y desarrollar la consistencia, prestando el apoyo necesario a otros para que comiencen a practicarla y para que se mantengan en el camino de lograrla. Esto requiere de alta dosis de motivación, empatía, autorregulación emocional, paciencia y comprensión. Ser consistente es un arduo camino de esfuerzos y tiempo, quien comienza esta aventura será acechado por numerosas tentaciones, sombras, dudas, insatisfacciones, recaídas. Estar ahí para recordar que no está solo, que puede seguir adelante, que existen muchos caminos para lograrlo, que comprendemos la dificultad pero que estamos ahí para ayudarle a superarla, es otra forma más de ser consistente.

La confianza y la seguridad necesarias para afrontar una vida llena de ambigüedad, cambios e incertidumbre, solo puede surgir de la consistencia, que no significa rigidez, sino una elegante fluidez equilibrada. Lo contrario nos condena a la desorientación, la pérdida de sentido, o a un estado permanente de “alerta estresoide” que acabará con nuestra salud personal y social.

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