Hace unas semanas publicaba un primer post sobre las trampas mentales y sus efectos en el logro de nuestros objetivos. Una de esas trampas mentales es la procrastinación.

Procrastinar es dejar para mañana lo que deberías hacer hoy, y así día tras día. Es un hábito que suele traer consecuencias nefastas: retrasos en los cumplimientos de las tareas, entrega de proyectos fuera de plazo, pérdida de credibilidad y confianza ante los demás, disminución de la autoestima, estrés y angustia, que aumentan a medida que el tiempo transcurre y no hay avance alguno, malos resultados, y un largo etcétera.

¿Y tu eres un o una procastinador/a? Este test puede ayudarte a descubrirlo.

Si nos has salido muy bien parado del test o en tu día a día las cosas quedan sin hacer, no te desanimes hay posibilidad de cambio. La procastinación al ser una conducta se puede modificar. Concretamente es un patrón de conducta consistente en evitar hacer aquello que sabes que tienes que hacer y, en su lugar, haces cualquier otra cosa. Y es un patrón de conducta que se repite ante ciertas situaciones, convirtiéndolo en el hábito de posponer.

Cada persona pospone distintas acciones: decisiones, actividades cotidianas, acciones dirigidas al logro de nuestros objetivos y metas, tareas complejas, tareas rutinarias, tareas nuevas. El primer paso para luchar contra la procrastinación es descubrir que es lo que posponemos, cual es el motivo, en que situaciones nos ocurre, que tienen en común, cuando se producen y que hay detrás de ellas.

Toma el control de tu tiempo

Toma el control de tu tiempo

Esta toma de conciencia es la que favorece el coaching. Una vez pasada esta fase de consciencia, y adquirida la responsabilidad de que el cambio está en nuestra mano, de que si quiero dejar de procastinar solo yo soy responsable de ello, toca pasar a la acción. Para ello, aquí te dejo 7 estrategias que te pueden ayudar:

1. Cambia tu lenguaje. Habla en positivo, en futuro. Olvídate del tengo que hacer, debería hacer, porque cada vez que lo dices te estas echando una carga encima que es la que luego te impide pasar a la acción.  Planteatelo todo como un quiero hacer, quiero conseguir, quiero lograr. Convierte las tareas y trabajos en retos. Piensa en el beneficio que te reportan a ti y a los demás.

Ejemplo: “tengo que ir a visitar a este cliente”  transformarlo en “quiero ir a visitar a este cliente porque quiero afianzar la relación.”

2. Divide y vencerás. Si alguna tarea te resulta complicada, te requiere mucho tiempo de ejecución, dividela en partes y comprometete  cada día a hacer una parte. Un intervalo manejable son tareas de unos 45-60 minutos. Esto te permitirá aumentar tu sensación de control y de autoeficacia, que son claves para perseverar. Celebra cada día la parte ejecutada como un logro y un avance, esto hace aumentar la motivación para continuar.

3. Descubre como conectar cada tarea con tu propósito y objetivo. Visualiza el beneficio personal que te reporta la tarea.

Ejemplo: hace unos meses yo tenía que redactar una carta en inglés para reclamar una indemnización en nombre de un cliente. Las posibilidades de lograr cobrar algo eran escasas y a pesar de ello el cliente quería hacerlo. Mi motivación a la vista de las expectativas del resultado no eran muy altas y la dificultad añadida de hacerlo en inglés me hacia demorarlo. Al final me plantee cual era el beneficio para mi de esta tarea: practicar y mejorar mi inglés y lo convertí en un reto pasando del tengo que redactar la carta a quiero redactar la carta para mejorar mi inglés.

4. Visualiza la recompensa.

Terminar de hacer cualquier tarea siempre tiene una recompensa. El simple hecho de terminar implica que tienes tiempo disponible y una cosa menos en la que pensar. Si quieres hacer algo y el terminar la tarea te lo impide piensa en que vas a poder hacerlo si la inicias cuanto antes. Si no ves la recompensa, establécela. Por ejemplo, cuando termine este informe me voy a tomar un café, o marcho media hora a dar un paseo.

5. Exterioriza el compromiso.

Fija un plazo en el que te comprometes a terminar la tarea o a realizarla y ponlo por escrito, tenlo siempre visible. También puedes transmitírselo a alguien o comprometerte públicamente. Otra estrategia que funciona es pedirle a alguien de confianza que te recuerde tu compromiso y los plazos.

6. Protege tu atención de toda distracción.

En el momento en que vayas a iniciar la tarea elimina de tu entorno todas las distracciones y todos los ladrones del tiempo: que no te pasen llamadas, pon el móvil en silencio y fuera de tu vista, anula internet, no permitas visitas o interrupciones, ten a mano todo lo que necesitas y mantén el orden a tu alrededor.

7. Empieza ya, hazlo.

Ponte en movimiento, haz algo, aunque sea buscar todo lo que necesitas para empezar la tarea, ordenarlo. Busca alguna parte de la tarea que te resulté más divertida, fácil y empieza por ahí. El primer paso es el más difícil, una vez que nuestro cuerpo y nuestra mente entran en movimiento  se desencadena la fuerza de la acción y nos pide más. La inercia de la acción nos mantendrá ocupados en la tarea.

Descubre que estás posponiendo y pon en juego estas siete estrategias, tus resultados cambiarán y te sentirás más satisfecho.

 

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