“A vivir hay que aprender toda la vida” Séneca

En mi última estancia en Madrid por trabajo me han regalado el libro “Sobre la brevedad de la vida, el ocio y la felicidad” de Lucio Anneo Séneca. Es lo que tiene este trabajo de facilitar el aprendizaje y el cambio en las organizaciones, que además del regalo de compartir con otros, y el agradecimiento que te transmiten, por si esto fuera poco, además, te hacen regalos tan preciados como un libro.

Siempre me ha gustado mucho la filosofía, y especialmente los clásicos, y esta predilección junto al atractivo del título, me hicieron lanzarme de lleno a él, en mi viaje de vuelta en tren al paraíso natural. El libro es uno de esos libros que resuenan, que vuelven a ti, en distintos días y momentos, es una reflexión sobre la vida, la felicidad y el uso del tiempo. Temas todos ellos sobre los que me encanta reflexionar y escribir, y que hoy me gustaría compartir con vosotros a través de esta pequeña ventanita a mi mundo que es este blog.

Dice Séneca, que la vida es bastante larga como para conseguir la mayor parte de lo que ansiamos. El problema está en que derrochamos la vida, malgastamos los instantes y momentos, que es el único tiempo en el que verdaderamente se vive. Estamos aquí físicamente pero emocional y mentalmente en otro lugar, del pasado o del futuro, eso ya depende de patrones de pensamiento y comportamiento de cada uno, pero no estamos viviendo, y mucho menos siendo, a todo lo más estando o dejando pasar la vida delante nuestro.

Y es esa vida que derrochamos la que luego se nos hace breve, cuando el tiempo apremia nuestros días, como relata Séneca. Es ese sentimiento o sensación de vida perdida, de tiempo derrochado, el que luego nos impulsa de forma inconsciente a quere hacerlo todo de golpe, a lograr nuestros sueños en unos meses, a cambiar de vida constantemente para encontrar una en la que nos guste vivir, cuando realmente la clave está en aprender a vivir la que tenemos.

“La vida rinde mucho a quien la administra bien” porque “No tenemos poco tiempo, sino que perdemos mucho tiempo” Séneca

Y en este mar de reflexiones sobre el arte de vivir, descubro que tengo yo muy cerca a un “pequeño Séneca”, mi sobrino Gonzalo, que con sus 6 años y medio de vida nos regala reflexiones como esta: “Mama, ¿sabes lo que estoy pensando? Que me gusta mucho mi vida”. Ahhh, muy bien, dice mi hermana (su madre) ¿y eso?; “Pues que me lo paso bien, hago muchas cosas que me gustan, cosas diferentes, estoy con mucha gente”; Me alegro vuelve a decir mi hermana (como para no, pienso yo cuando me relata la conversación, ¿puede haber mayor satisfacción para una madre que su hijo le diga algo así?). Pero la cosa no queda ahí, me cuenta mi hermana, porque la siguiente perla de nuestro pequeño Séneca es “¿y sabes Mama que vida me gusta mucho también?”; ¿Cuál? Pregunta mi hermana; Y mi sobrino responde “La de madrina (que soy yo) porque ella siempre está feliz rodeada de sus libros, viaja mucho, va a distintos sitios, hace muchas cosas, conoce a mucha gente, se lo pasa bien y siempre tiene cosas que contar.”

Este momento tan filosófico de mi sobrino me devuelve la mirada al libro de Séneca, y empiezan a surgir en mi cabeza preguntas y reflexiones. Mi sobrino con su inocencia y aplastante lucidez, me hace caer en la cuenta de que realmente mi vida es tan abrumadamente sencilla como el la describe, y que me gusta, y es la vida que quiero vivir. Ahora bien, resuena en mi una pregunta que plantea Séneca ¿Cúanta parte realmente de nuestra vida es nuestra? ¿Cuanta parte de nuestra vida permitimos que nos ocupen, que nos invadan, que nos roben? ¿Estamos presentes o ausentes en nuestra vida?

Estas preguntas me hacen tomar consciencia de que vivir mi vida es un ejercicio constante y consciente de no permitir que me invadan pensamientos improductivos, distracciones, emociones negativas, demandas de terceros que no quiero atender, relaciones que no quiero mantener, proyectos o actividades en los que no quiero participar, etc, etc. Como también un ejercicio constante y consciente de crear los pensamientos que me fortalecen, las emociones que me ayudan, las relaciones que me enriquecen, y los proyectos que me apasionan.

“No haré nada a causa de la opinión, todo lo haré por la conciencia” Séneca.

Vivir la vida es consciencia y voluntad, porque sino corremos el peligro de que nos roben la vida minuto a minuto, día a día, sin ni siquiera enterarnos, ni rebelarnos. ¿Alguien permitiría que le hicieran lo mismo con el dinero?  En relación al lugar que le damos al dinero frente al tiempo de vida, quiero compartir algo que me ha pasado estos días.

Por algunos de esos momentos malos de la vida, he tenido que cancelar unas vacaciones, que ya tenía pagadas, el día antes de salir de viaje. La verdad que yo en la perdida del dinero no pensé, porque para mi lo importante era la decisión que había tomado: que ya no quería ir de viaje, ni de vacaciones, sino estar en otro lugar, con otras personas y haciendo otras cosas. Como cada uno tenemos nuestro mapa del mundo, otras personas me recordaron la posibilidad de recuperar el dinero justificando las circunstancias. Dado que en principio se trataba de enviar un documento, y me parecía algo que no llevaba demasiado tiempo, lo hice y listo. Hoy me entero que ahora tengo que rellenar un formulario, enviar más documentación, hablar con no se quien, etc, etc, etc. Y en esta nueva situación mi pregunta es ¿Realmente yo quiero malgastar tiempo de mi vida en recuperar ese dinero? ¿Quien me repone ese tiempo que voy a emplear en recuperar el dinero? ¿Qué tiene más valor para mi vida, ese tiempo y la posibilidad de emplearlo en algo que realmente me apetezca y me importe, o el dinero que voy a recuperar?

En cada minuto gastamos tiempo de vida

En cada minuto gastamos tiempo de vida

Pepe Mújica, nos recuerda en este video que “la vida se te escapa, se te va minuto a minuto, y no puedes ir al supermercado a comprar vida”. Nos pasamos la vida gastando tiempo de vida para comprar cosas, para complacer a gente a cambio de afecto o compañía, para tener razón, para lograr puestos, triunfos, o cargos para satisfacer nuestro ego. Incluso gastamos tiempo de vida para huir de nosotros mismos, ocupando nuestra vida de miles cosas que nos impidan sentarnos de frente a conversar con la persona a la que más tenemos que escuchar: nosotros mismos. Cómo nos recuerda Séneca, procura que con tus actos no disminuya la libertad de nadie, y aún menos la tuya.

Supongo que todas estas reflexiones llegan en un momento de mi vida,  en el que he pasado 2 meses muy intensos, y los que quedan por venir, plagados de cosas buenas y malas. Preguntándome, e incluso en algunos momentos reprochándome, cómo puedo ser feliz en momentos y situaciones de mucho dolor. Y es que cuando estas donde quieres estar, cuando quieres estar, y cómo quieres estar, viviendo plenamente ese momento, sea bueno o malo, eres feliz y sientes que vives, y que vivir es un regalo que no se puede malgastar, ni derrochar. Yo en estas lides, ya tengo algo de experiencia, como sabrán los que han leído mi libro “Vine a ser Feliz, no me distraigas”. 

Porque la vida es eso, lo bueno y lo malo, y como dice Dani Martin en su canción “Que bonita la vida, que da todo de golpe y luego te lo quita”. Aprender a vivir es saber vivir en cada momento con lo bueno y lo malo, disfrutar y valorar lo bueno, aprender de lo malo y crecer como persona gracias a ello. Aceptar ambos como parte de la vida, y no como algo personal, ni lo bueno, ni lo malo. Lo personal es como tu lo afrontes y lo vivas. No apegarse al dolor que produce lo malo, ni al placer que produce lo bueno. La vida son instantes, buenos y malos, la clave está en saber vivirlos en el momento, no en prologarlos de manera artificial más allá del tiempo que les corresponde.

El Arte de Vivir consiste es saber darle a cada cosa el tiempo y el lugar preciso, ni más ni menos. No te engañes pensando en que todo el tiempo que das lo vas a recibir, porque al cabo de los años te puedes encontrar que has dado mucha parte de tu vida a costa de dejar de vivirla. La clave no está en dar para recibir, sino en dar para no perder o en dar para multiplicar. Esta es probablemente la decisión más importante que tenemos que tomar día tras día, minuto tras minuto: decidir a qué y quién doy tiempo de mi vida. Y de esas pequeñas decisiones depende nuestra felicidad y nuestra vida. Fernando Trias de Bes nos recuerda en este artículo que “las transacciones de tiempo propio, personal o profesional, son el principal causante de llegar al final de nuestras vidas y pensar que debíamos haber vivido de otro modo.”

Muchos que me conocen, saben de mi obsesión por la gestión del tiempo. Siempre he tenido claro que no me gusta esa sensación de perder el tiempo. Hoy quizás he adquirido mayor conciencia de a que se debe: no me gusta malgastar ni un segundo de mi vida, será cosa de mi amor por la vida y mis ganas de vivirla. Por eso si alguien me pregunta que quieres ser de mayor Mª Luisa, le respondería que Vividora, una persona que sabe vivir la vida y dotarla de contenido, sentido y orientación. En pleno siglo XXI, a lo mejor hay que volver la vista atrás muchos miles de años, para recuperar enseñanzas que nos ayuden a aprender a ser personas, y a aprender a vivir.

“Todos quieren vivir felices, hermano Galión, pero andan a ciegas queriendo descubrir lo que hace feliz la vida” Séneca

Que la vida no te sorprenda descubriendo que te olvidaste de vivir.

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