Hace ya algunos años que Stephen R. Covey publicó su libro el 8º hábito y, sin embargo, las cosas parecen no haber cambiado mucho en cuanto a la forma en que las empresas  trabajan con las personas o, para ser más exactos, en cuanto a la forma en que las personas trabajan en las empresas.

Seguimos considerando que los trabajadores son objetos que se deben examinar, diagnosticar, etiquetar, controlar, dirigir y gestionar para que funcionen con eficacia y logren los objetivos que la organización ha establecido. Se nos olvida que una persona es un recurso productivo para la empresa, en cuanto que su función en la misma es contribuir a la producción de los bienes y servicios que esta suministra al mercado, ahora bien, no es un recurso productivo cualquiera, porque es una persona y sus parámetros de funcionamiento nada tienen que ver con los de las máquinas, u otros recursos materiales o inmateriales.

Por mucho que lo creamos a las personas no se las puede obligar a realizar determinado tipo de cosas, ni se las puede obligar a adoptar determinados comportamientos, asociados a competencias, que hoy en día son claves para la supervivencia y sostenibilidad de cualquier empresa: compromiso, entusiasmo, creatividad, implicación, alineación, optimismo, motivación, resiliencia, empatía, y otras muchas más. Este tipo de aportaciones del trabajador son voluntarias, y por mucho que una empresa quiera imponerlas o incentivarlas no lo va a lograr. La clave para que broten está en cómo despertarlas, activarlas, y facilitarlas, y eso no se consigue desde el control, la dirección, la imposición y otras practicas poco humanas.

“La realidad fundamental es que los seres humanos no son cosas que necesiten ser motivadas y controladas; poseen cuatro dimensiones: cuerpo, mente, corazón y espíritu”. Stephen Covey

Según Covey el 8º habito consiste en descubrir nuestra voz propia y única, y ayudar a otros a encontrar la suya. Y nuestra propia voz no es otra cosa que nuestro potencial y nuestra esencia, esa forma única y personal que tenemos de aportar valor a nuestro trabajo, nuestro entorno, nuestra organización, y nuestra sociedad.

Y esto no es algo nuevo, es parte de la historia de la humanidad porque es consustancial a la existencia humana. Desde muy antiguo la filosofía ya puso de relieve la existencia de un potencial en todas las personas, y una tendencia hacia el desarrollo de ese potencial para llevarlo al máximo nivel de realización, expresión y perfeccionamiento.

“Todas las disposiciones naturales de una criatura están destinadas a desarrollarse alguna vez completamente y con arreglo a un fin” Kant

La pregunta clave, por tanto, es ¿Cual es mi voz? ¿Como es mi voz? ¿Qué puede aportar mi voz  al mundo? ¿Cómo puedo hacer oír mi voz? ¿Cómo puedo ayudar a otros a desarrollar su propia voz? Y la respuesta está detrás de lo que se entiende por desarrollo humano, o desarrollo de la potencialidad que todo ser humano tiene por el hecho de serlo. Y aquí coincido con Steven Covey en que no hay que inventar tanto para encontrar la respuesta, que basta tener en cuenta cuales son los pilares de todo ser humano: mente, cuerpo, corazón y alma, y centrarnos en trabajarlos y desarrollarlos.

LOS 4 PILARES DEL DESARROLLO HUMANO

– Mente: capacidades cognitivas, inteligencias, procesos cognitivos asociados al pensamiento, al procesamiento de la información, la generación de información, la consciencia, la toma de decisiones. Conocer como funciona nuestra mente y sacarle el máximo provecho es clave para desarrollar el 8º hábito con eficacia.

-Cuerpo: Inteligencia Corporal, como funciona nuestro cuerpo, nuestro organismo entero, aprender a escucharle, atender las necesidades profundas que nos susurra, aprender a convertirlo en nuestro aliado para la consecución de nuestras metas; cómo detectar estados emocionales a través del cuerpo y cómo generar los estados emocionales necesarios para lograr nuestros propósitos empleando  adecuadamente nuestro cuerpo.

-Corazón: comunicación afectiva, conexión con nuestras emociones y con las de los demás, comprensión a nivel emocional. Inteligencia Emocional y Social. Desarrollar la sensibilidad y percepción emocional para comunicarnos y relacionarnos como hermanos, como humanos. Saber autorregularnos emocionalmente.

-Alma: El aliento de nuestra existencia, la razón de ser de la misma. Inteligencia espiritual. Aprender a conectarnos con nuestro propósito vital, con nuestra misión, con el verdadero sentido y significado de nuestra existencia. Desarrollar nuestra intuición y nuestra sabiduría interior. 

Por esa razón, en nuestra metodología de mentoring, que estamos desarrollando a través de nuestras certificaciones internacionales, trabajamos las 4 dimensiones de la personas. Entrenamos a los mentores para que las desarrollen en sí mismos, y que luego sean capaces de ayudar a desarrollarlas en otros. Todo ello bajo el paradigma de que nadie puede dar a otro lo que no tiene, nadie puede enseñar a otro lo que el mismo no ha aprendido o desarrollado.

“Nuestra brújula interior nos llevará a encontrar la llave que abre el espacio donde se escucha con fuerza nuestra propia voz”.

Para encontrar tu voz debes estar en contacto de forma permanente con estos cuatro elementos, y eso requiere de una visión clara, una consciencia plena, una voluntad de hierro, y una brújula interior bien ajustada.

  1. Mente: Visión Clara para identificar el potencial en ti, en otros y en las organizaciones, y saber exactamente donde y cuando hay que intervenir, y cuando no, para desarrollarlo y llevarlo al máximo nivel, siempre desde el máximo respecto y consideración de las necesidades y deseos del otro.
  2. Cuerpo: Consciencia plena para transformar la visión en realidad, para no confundir lo que son mis necesidades y deseos con los de otros, para no intervenir en el desarrollo de otros cuando no es necesario, o en la forma inadecuada. Para no confundir mi necesidad de ayudar, agradar, satisfacer u obtener el reconocimiento de otros, con la necesidad real de ayuda de otros.
  3. Corazón: Voluntad de hierro para no apartarme del camino, para no distraerme, para no sucumbir a los placeres sucedáneos e inmediatos del éxito, el brillo, el reconocimiento, la admiración. Voluntad de hierro para perseverar, para superar los obstáculos, las caídas, las incomprensiones, los rechazos. Voluntad de hierro para modular nuestro comportamiento, para autorregularnos emocionalmente, para gestionar nuestra energía y nuestra motivación.
  4. Alma: Brújula interior ajustada para no perder el norte de nuestro propósito, caer en el sinsentido, dejarnos arrastrar por los cantos de sirena, los halagos, las críticas. Ajustar nuestro camino a nuestra meta y a nuestra voz, no dejarnos llevar por lo fácil, lo rápido, lo cómodo para lograr nuestra meta en detrimento de nuestra autenticidad, coherencia, congruencia y responsabilidad. Mantener vivo nuestro compromiso moral con el mundo y con nosotros mismos.

Una de las 7 dimensiones del rol de mentor es ser modelo de comportamientos, por ello si queremos que un mentor ayude a otros a encontrar su propia voz, debe ser un ejemplo demostrable, coherente, consistente y creíble de manejo de la inteligencia cognitiva, emocional-social, corporal y espiritual. Una persona con visión clara, consciencia plena, voluntad de hierro y brújula interior ajustada.

No es casualidad que nuestra certificación internacional en mentoring esté basada en el desarrollo de la Inteligencia Cognitiva, Inteligencia Emocional y Social, Inteligencia Corporal, Inteligencia Espiritual, Inteligencia Conversacional, Inteligencia Relacional, Inteligencia Intuitiva, Inteligencia Estratégica, Inteligencia Sistémtica, e Inteligencia Actitudinal.

No es casualidad tampoco que toda nuestra metodología se base en un profundo conocimiento del funcionamiento interno y externo de las personas, como se relacionan y conversan consigo mismas, como son los procesos internos de pensamiento, emoción, consciencia, inconsciencia, intuición, sensaciones, necesidades, motivaciones, impulsores del comportamiento, actitudes, etc, y en como se relacionan y conversan con los demás, trabajando la ontología del lenguaje, el análisis transaccional, la interacción y aprendizaje social.

Una persona que vive y trabaja desalineado con sus valores, potencial, esencia, motivaciones, y propósito, dificilmente podrá estar comprometida y alineada con los de su organización. Las organizaciones deben cambiar la forma en que conviven con las personas, y comenzar a desarrollar el 8ª habito para que las personas puedan encontrar su propia voz y hacerla oír. De esta forma, las organizaciones serán orquestas sinfónicas creadoras de melodías únicas que resonarán con fuerza en las mentes, cuerpos, corazones y almas de sus clientes.

Ante esta nueva tesitura, como empresa y como persona puede plantearse 3 alternativas:

– Seguir controlando y dirigiendo a las personas para que vayan por el lugar que usted quiere, desoyendo por completo sus voces

-Dejar a las personas abandonadas a la suerte de encontrar o no su propia voz

-Contribuir a que encuentre esa voz y la expandan dentro de la organización y en su entorno.

Si has elegido la última opción, bienvenido a nuestro viaje. Prepara tu maleta y mete en ella altas dosis de ejemplo, congruencia, confianza en el potencial y sabiduría de los demás, y un propósito muy claro de contribuir al desarrollo de otros a través del propio ejemplo y la aceptación incondicional del otro. Es un viaje que no tiene fin, aunque si muchas metas volantes en cada etapa, en cada proceso de mentoring que finaliza porque la persona ya es autónoma, está empoderada y ha iniciado el camino de su autorrealización. Cuando en cada uno de esos fines de etapa sientas que sobras, que tu presencia ya no es necesaria, que tu intervención ha dejado de tener sentido, y vivas esto con alegría, genuino amor, paz y plenitud, sabrás que dentro de ti late un verdadero mentor/a, y que tu voz resonará con fuerza mucho más allá de las fronteras de tu ser.

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