¿Cuales son los retos a los que se enfrentan las organizaciones en el Siglo XXI? ¿Que puede aportar el mentoring para superar estos retos con éxito? Aquí te dejo algunas ideas y apuntes:

1.- Gestionar la Velocidad: Aunque el cambio sea la palabra más repetida en los últimos 10 años en el mundo de la empresa, y se hable de la necesidad de gestionar el cambio, el verdadero reto es saber gestionar la velocidad del cambio. Vivirlo como algo natural, sin que nos consuma demasiada energía, nos desgaste o nos absorba.

La clave para gestionar esta velocidad, sin que nos arrolle, va a estar en saber decidir en cada momento qué es lo que hay que conservar porque funciona, aporta valor y diferenciación, qué es lo que hay que cambiar, y qué es lo que hay que crear nuevo para innovar e ir más allá. Si logramos adquirir esta competencia, que utilizando las palabras de Piaget, llamaría Aprendizaje Inteligente, conseguiremos no sólo no perder el control, sino evitar la sensación de pérdida de control. Esa sensación que nos hace sentirnos inseguros, y nos lleva a acomodarnos sin reflexión crítica a lo nuevo, o bien atrincherarnos en lo viejo, en vez de practicar un aprendizaje inteligente que aúne lo mejor de lo que ya existe con lo mejor de lo que está llegando.

La velocidad nos va a exigir tener la capacidad de pensar/reflexionar y actuar/ejecutar al mismo tiempo, entrenarnos en esta habilidad nos permitirá realizar giros rápidos cuando sean precisos, y saber cuando acelerar y cuando frenar.

2.- Gestionar la Incertidumbre: La velocidad del cambio, y su presencia continua en nuestras vidas, genera incertidumbre. Ese no saber donde estoy, si seré capaz de adaptarme a las nuevas demandas, o esa sensación de no saber quien soy en un nuevo entorno o puesto de trabajo, que me exige competencias totalmente distintas a las que hasta ahora desarrollaba.

Tendremos que aprender a vivir con la sensación casi permanente de incompetencia consciente, sin que ello afecte a nuestra autoeficacia, autoestima e identidad. Los cambios siempre amenazan nuestra autoestima e identidad, nos sitúan ante la posibilidad de no ser capaces de ser, saber y hacer en el mismo nivel que hasta ahora teníamos. Aprender a aprender será una competencia clave para saber gestionar la incertidumbre.

3.- Gestionar la diferencia: En las empresas actualmente no solo conviven hasta 4 generaciones de personas distintas, sino también personas con distintas culturas, procedencias geográficas, sexo, religiones. A ello unimos grupos de tendencias diversas (hipster, knowmads, millennials, slowers, singles) que suponen valores, creencias, hábitos y puntos de vistas distintos.

La diversidad se multiplica y con ella la tensión y el conflicto. Nuestra forma de entender el conflicto suele tender a eliminar las diferencias, a escoger entre una alternativa u otra, y no pensamos es opciones más orgánicas, holisticas o sistémica que nos permitan construir nuevas realidades y soluciones a partir precisamente de las diferencias, a buscar opciones integradoras en vez de excluyentes. Tendremos que aprender a trabajar la diferencia y el conflicto como una oportunidad de aprendizaje y crecimiento.

Saber gestionar la diferencia será fundamental para el desarrollo del talento, pues ya no servirán fórmulas generales, herramientas y formación para todos. Estamos en la era del aprendizaje personalizado. 

4.- Gestionar la relevancia: Lo de crear marca está bien, pero las empresas van a necesitar ir más allá, y hacerse relevantes en el mercado, aportar un sentido para sus clientes internos y externos, diferenciarse de una forma clara, no tanto por sus productos y servicios (que pueden cambiar a lo largo de los años) sino por su formas de hacer, de comunicarse y de comportarse, por su mensaje.

La clave estará en ser identificado por una especie de mantra sencillo que impregna todo lo que hacemos, y que refleja el valor único que aportamos. Me viene a la mente algo así como la esencia de Apple “Hacer bella la tecnología”.  Esto será lo que da orientación ante los cambios a las personas que trabajan en la organización, y confianza al resto de agentes que interactuan con ella.  La relevancia es eso que nunca cambia a pesar de los cambios, y lo que nos hace ser “una empresa transcendente y deseable”.

Se trata de labrarse una reputación, en el sentido de despertar la admiración, estima y confianza de las personas que forman parte de la organización, de otras empresas, instituciones y de la comunidad en su conjunto.

Necesitamos organizaciones que vibren, resuenen y multipliquen

Necesitamos organizaciones que vibren, resuenen y multipliquen

5.- Gestionar la resonancia en las relaciones: Vivimos en un mundo muy interdependiente, todos necesitamos de todos, todos estamos influenciados por todos. Un movimiento en China tiene efectos en Nueva Zelanda. Saber crear conexiones y mantenerlas vivas y activas, establecer relaciones que se conviertan en alianzas estratégicas, dentro y fuera de la organización, será otra competencia fundamental.

La conexión entre personas y grupos diferentes es el germen de la creatividad y la innovación, una factor fundamental para poder gestionar la velocidad del cambio.

Se trata de generar compromiso, entusiasmo e implicación en nuestras relaciones y en la ejecución de nuestros proyectos, contagiando este engagement, esto nos hará resonar en el mercado. Necesitamos organizaciones que vibren, que contagien una  energía generadora de crecimiento, que se conviertan en centrales de electricidad creativa.

Con relevancia y resonancia atraemos, somos deseables, y esto supone más clientes, más capital, más talento, más alianzas, más movimientos, más mercados, más oportunidades. La relevancia genera prescriptores, embajadores voluntarios de nuestra marca.

6.- Gestionar los intangibles: Cuando hablo de intangibles me estoy refiriendo a la Ilusión, el Entusiasmo, la Pasión, el Compromiso, el Optimismo, la Inspiración. A todas esas emociones positivas que según Bárbara Fredrickson amplían nuestros recursos intelectuales, físicos y sociales, es decir, generan una dosis extra de capacidades para hacer frente a la adversidad. Las emociones positivas también influyen en nuestra capacidad de atención, que es clave para saber detectar y aprovechar las oportunidades del entorno.

Además, cuando estamos en un estado de ánimo positivo atraemos a más personas a nuestro alrededor, porque les aportamos positividad, les hacemos sentir bien, y esto redunda en la mejora de nuestras relaciones personales, familiares y profesionales. Mejores relaciones suponen nuevas fuentes de oportunidades y la posibilidad de construir sólidas alianzas. Todo ello crea una espiral de recursos muy valiosos para manejar la velocidad del cambio, la incertidumbre, el conflicto, manteniendo el bienestar y el equilibrio.

Las empresas tendrán que incluir la gestión de todos estos intangibles en su estrategia, aportando recursos a sus empleados para generar estados emocionales positivos, y ayudándoles a adquirir las competencias necesarias para saber generarlos de forma autónoma. Esta es la nueva tendencia que gira bajo el nombre de “Job Crafting”, aprender a diseñar tu trabajo para ser más feliz

7.-  Aprender a Multiplicar: Las organizaciones necesitan multiplicar el talento, la creatividad, la resonancia, el engagement y el aprendizaje. Multiplicar significa lograr con una sola intervención una onda expansiva de efectos mayores. Con el mentoring multiplicamos, porque dentro de un programa de mentoring logramos conectar la diferencia (personas de diferentes edades, responsabilidades, competencias, niveles organizacionales), logramos conectar a la alta dirección de la empresa con otros niveles de la organización lo que permite comprenderse, y mirarse de otra forma, acercando mundos distintos. Logramos acelerar el aprendizaje de competencias porque es un aprendizaje personalizado, práctico y contextual, y por tanto, logramos entrenar en la gestión de la velocidad del cambio. Aprender con el apoyo de otra persona reduce los niveles de incertidumbre, permite construir una relación resonante que es un modelo de relación para otros. El solo hecho de que la organización ponga un mentor a tu disposición, o que como mentor tengas la posibilidad de compartir tu experiencia con otros, moviliza emociones positivas y produce un efecto contagio. En un programa de mentoring los beneficios que obtienen los mentores se transfieren a sus equipos de trabajo, a los comités de dirección y a la organización en su conjunto. Los beneficios que obtienen los mentees se transfieren a sus equipos, a sus superiores y a sus compañeros y colaboradores. El mentoring desarrolla en las organizaciones un sentido de comunidad que potencia los comportamientos de ciudadanía organizativa. 

Si quieres saber más sobre lo que el mentoring puede aportar a tu organización síguenos la pista en www.escueladementoring.com. ” El valor del mentoring a la Organización del Siglo XXI”, Certificación Internacional en Mentoring acreditada por la AICM, y en Bilbao Mentoring Conference (22 Junio 2016), el mayor evento de mentoring de España

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