Esta postal desde el cielo está dedicada a todas esas personas que sufren por no poder ser ellas plenamente, por debatirse entre complacerse a sí mismas y complacer a los demás, por renunciar a ser ellas mismas, para ser aceptadas por otros, por dejar atrás lo que quieren ser, para ser lo que deben ser. Para todas ellas, quiero decirles que hay una luz de esperanza, y que esa luz está en un encuentro a solas con ellas mismas, en el que puedan poner a conversar a sus almas en conflicto desde el amor por ellas mismas y por la vida.

“Para ti que vives con dos almas en conflicto, que luchan día y noche por ganar una guerra que está perdida, porque gane quien gane siempre perderás tu” 

Esas almas cansadas y sin fuerzas, deambulan por el mundo librando batallas que buscan reparar fuera el dolor que habita dentro. Sin saber que con cada afrenta, el dolor crece, el alma se quiebra, y la desesperanza comienza a escaparse por los ojos.

Ahogando el llanto, se ven obligadas a vivir en el espacio del desamor, sin poder disfrutar del momento en el que una cálida mirada te invita a recorrer el camino de la libertad, el amor y la plenitud. Y mientras siguen sin mirarse, se empeñan en desterrar de la mente la infelicidad que sufren, rodeando a otros con sus sonrisas y su amor, pero sintiendo que viven en soledad.

Dos almas en conflicto, que con sus mochilas a cuestas, aprendieron a evitar los encuentros bajando la culpable mirada, creyendo así terminar con los problemas del ayer. Esos problemas que motivaron el desencuentro de hoy y el fracaso de una vida plena, por no querer conversar con ellos, por no querer crecer con ellos.

Y, a pesar del tiempo, de los años de engaño y de las miradas a otro lado, siguen aquí con sus mochilas aún más cargadas de desamor, de culpabilidad, de resentimiento, y de arrepentimiento callado, que lucha por salir sin saber como.

Y es así, como tú, sigues siendo dos almas en conflicto que no se quieren ver, para olvidar la presencia de lo que el ayer engendró, y el hoy no puede aceptar. Sin darse cuenta que como castigo sufres la imposibilidad del olvido, y con ella la frustración de no ser un alma plena.”

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