Desde hace algo más de 2 años llevo experimentando una sensación que, unas veces me inquieta, otras me hace escapar una sonrisa, otras me sorprende, y otras me llena de plenitud. Le podría poner muchos nombres y adjetivos a esa sensación, pero al final todo se reduce a un sentimiento, una emoción de ser parte de algo más grande que tu, y sobre todo de participar en la creación de algo que transciende más allá de ti, y del momento que compartes con las personas.

Sólo se me ocurre expresarlo como “sentir que soy parte del cambio”, que con mi trabajo estoy formando parte del cambio que inician y logran otras personas y otras organizaciones. A veces me pregunto ¿qué hago? o ¿cómo lo hago? porque no tengo la intención de provocar nada en concreto, no persigo un resultado, solo tengo la intención de escuchar y observar a quien o quienes tengo delante, conocer cómo son, saber qué necesitan, y ver cómo puedo ayudarlos a través de las palabras, de las conversaciones, de la capacidad de crear interacciones, conexiones, oportunidades, y posibilidades. No busco el cambio, decido entrar a formar parte de él cuando lo veo surgir y va en la dirección de lo he decidido ser y hacer.

“La esperanza no es la convicción de que las cosas saldrán bien, sino la certidumbre de que algo tiene sentido sin importar el resultado final” Václav Havel

Si tuviera que explicar que hago, lo resumiría en despertar, despertar la posibilidad de ser y de poder crear y cambiar algo con lo que se es. Desde el momento en que una persona se da cuenta que tiene al menos una mínima posibilidad de hacer algo sobre lo que pasa a su alrededor, de intervenir para cambiar algo en su entorno o en ellos mismos, ya no hay marcha atrás: se ha abierto la puerta del cambio, ya no es posible mirar para otro lado, buscar culpables de la situación, no asumir la responsabilidad. La única opción es iniciar el camino del cambio.

 

Ese camino se inicia con 4 preguntas:

¿Quién sientes que eres?

¿Que puede dar esa persona que sientes que eres?

¿Cómo puede cambiar las cosas lo que tu puedes dar?

¿A qué estas esperando para hacerlo?

 

Estas preguntas me surgen tras una frase que compartió conmigo una de las personas que he acompañado recientemente en un proceso de coaching, tras finalizar el mismo: “Tantos años dandole vueltas a mostrar lo que pensaba y lo que quería, a expresar lo que creía que debía ser mi profesión, a mostrar una manera diferente de llevarla a cabo, y el día que me lanzo todo empieza a cambiar a mi alrededor, la gente me para por la calle para felicitarme por lo que escribo, me escriben en redes, por mail, y no me paran de llover clientes porque les gusta mi enfoque, mi manera de hacer las cosas, lo que muestro en mis palabras”

No puedo dejar de reconocerme en estas palabras, yo misma tuve en el cajón durante 1 año mi primer libro, y el día que lo publique todo comenzó a cambiar a mi alrededor. Si ahora estoy escribiendo este post, es por ese primer paso de mostrar lo que soy y lo que quiero dar al mundo: palabras que transforman

Cuando la meta es cambiar el mundo, el primer paso se hace difícil y la meta se ve muy lejos. Cuando la meta es cambiar el mundo a tu alrededor, ya no hay excusa porque todos somos agentes de cambio, y todos podemos cambiar algo en nuestro entorno más inmediato. Cuando lo hacemos empezamos realmente a sentir que estamos vivos, que vivimos, porque al intervenir en nuestro entorno estamos creando, estamos dando a luz, estamos siendo parte del cambio.

Yo siento que cambio el mundo cuando con una pregunta, en una sesión de coaching o mentoring, veo despertar a una persona, veo que toma conciencia de quien es, que ve posibilidades para ser quien es, lo intenta, y empiezan a moverse cosas a su alrededor. Yo siento que cambio el mundo cuando alguien a través de la conversación que mantenemos se perdona, se acepta, se comprende, se reconoce, se entusiasma, porque desde ese instante empieza a comprender a los demás de otra forma, empieza a perdonar, y contagia su entusiasmo. Y este cambio suyo desencadena cambios en otros, y el cambio va creciendo, y sin darnos cuenta estamos cambiando más cosas: nuestras relaciones, nuestra familia, nuestra empresa, nuestra ciudad.

Yo siento que soy parte del cambio cuando un grupo de personas que trabajan juntas te dicen tras varias sesiones de coaching de equipos: tu eres la persona que ha logrado que nos sentemos todas juntas a conversar, a escucharnos, a conocernos, a comprendernos y a comunicarnos y convivir. Hasta ahora trabajabamos juntas pero no conversábamos ni nos comunicábamos. Yo siento que soy parte del cambio cuando a partir de esta reflexión estas personas comienzan a implantar en su empresa herramientas, prácticas y hábitos para propiciar encuentros en los que crear en común.

Yo siento que soy parte del cambio cuando las personas que leen este blog me escriben, desde muy diferentes lugares, para decirme que he conectado con ellas, que llevan mucho tiempo sintiendo que necesitan dar un paso en su vida, cambiar la dirección, y que al leer alguno de mis post, lo han visto claro y quieren que les acompañe en este camino. Confieso que a veces me siento abrumada, por el poder transformador que pueden tener las palabras que deslizo desde las ventanas de mi blog, esa es la parte que a veces me inquieta. La inquietud se disipa con la aceptación, y se convierte en plenitud. He decidido hace tiempo no resistirme al cambio que provoco al mi alrededor y fluir con él, cuando él también fluye conmigo.

Yo siento que cambio el mundo, cuando más de 60 personas, de muy diferentes países, que han participado en el curso de mentoring on line que desarrollo a través de la Escuela de Mentoring a lo largo de estos 2 años, me dicen que para ellos conocer el mentoring ha sido algo revelador, que les ha cambiado totalmente la forma de trabajar con las personas, de plantearse la educación de sus hijos, el liderazgo, la gestión de equipos, la forma de comunicarse. Muchas de esas personas, tras el curso han querido conocerme en persona y compartir sinergias, y con muchas de ellas han surgido y están surgiendo proyectos para expandir la fuerza del mentoring. Si a esto le unes que, por segundo año consecutivo has contribuido a reunir a más de 250 personas en torno al mentoring en un espacio en el que la energía del cambio se dispara, te puedes imaginar la sensación de ser parte del cambio que estoy experimentando.

Agitar la vida es crear música a tu alrededor

 

 

María Montessori decía que “Educar es agitar la vida”, yo siento que siendo parte del cambio estoy agitando la vida, estoy contribuyendo a agitar las ganas de ser parte del cambio de otros, de vivir conectados a la vida. Tú también puedes ser parte del cambio, y contribuir a agitar la vida de otros, solo necesitas:

  • Preguntarte acerca de quien sientes que eres.
  • Decidir elegir vivir desde quien eres verdaderamente.
  • Demostrar quién eres en cada una de tus decisiones, elecciones y actos.
  • Encontrar tu tribu y unirte a ella para hacer más grande ese cambio, o crearla y buscar quien se una a ella.

 

 

Cuando verdaderamente sientas quien eres, ten el coraje de ser imperfecto, se amable contigo mismo, no gastes tus esfuerzos en cambiar lo que no eres, lo que no haces bien, o no tienes, y céntrate en potenciar aquello en lo que aportas. Olvídate de ser todo, de hacerlo todo, olvídate de ser perfecto, de esconder lo que no sabes, lo que no quieres ser. La vergüenza de mostrar nuestras debilidades, nuestras imperfecciones nos aleja de los demás, y nos hace más débiles. Necesitamos toda nuestra fuerza para ser parte del cambio, no la malgastes en resistirte a lo que no eres, acepta lo que eres y ofréceselo al mundo. Vivir continuamente queriendo hacerlo todo bien, es vivir sintiendo que nunca eres suficiente, y eso no es vivir.

Decide dejar de pensar en lo que deberías ser, y simplemente se quien eres, el mundo te lo agradecerá.

Déjate abrazar por el cambio, por todo lo que mueve y genera a su alrededor. “Cuando tú te mueves el mundo se mueve contigo”  

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