El pasado martes tuve la gran suerte de poder bajar al centro de la tierra, de sumergirme en el corazón de la mina, en el Pozo Soton en Asturias, a 695 metros bajo la superficie. Todo ello gracias a la invitación de la Escuela de Emprendedoras y Empresarias de Asturias y a la dirección de la empresa Hunosa.

La aventura comenzó al alba, un grupo de empresarias y directivas llegamos sobre las 8:15 de la mañana a las inmediaciones del pozo Soton, con una mezcla de emoción, inquietud, y expectación. Primera sorpresa: nos recibe un comité de bienvenida a la puerta, formado por el personal de Hunosa que allí trabaja, entre los que estaban muchos de los mineros que luego serían nuestros guías. Nos reciben con sonrisas, besos, palabras de tranquilidad, buen humor y buen talante.

Después vino todo el proceso de preparación para iniciar el viaje al centro de la tierra: cambiar nuestro atuendo de empresarias, quitarnos los tacones, joyas y demás ornamentos, para vestirnos de mineras con nuestros monos, botas, lámparas, cascos, mascarillas, y equipo de respiración; instruirnos en el uso de los equipos, medidas de seguridad, y funcionamiento del trabajo en la mina; conocer las instalaciones y todo el engranaje que posibilita que los mineros bajen y suban cada día a hacer su trabajo; empaparnos de la historia de la mina, que es nuestra historia, la historia del patrimonio minero, que es nuestro patrimonio, y de la inmensa riqueza que hay bajo nuestro pies.

Antes de comenzar la inmersión, visitamos la torre de control pilotada por Marga. En sus manos está la tremenda responsabilidad de bajar y subir a los mineros sanos y salvos cada día. Es una especie de controladora aérea de la mina, la que acciona los mandos para bajar y subir la jaula, la que sabe donde están en todo momento los mineros, la que detecta cuando algo va mal allí abajo y da la alerta para solucionarlo. Ellos saben cuán importante es su trabajo, y ella también, el trabajo en la mina es un trabajo en equipo milímetrico. Cada persona con su trabajo cumple una función muy específica y vital para el equipo. Todos lo saben, todos son conscientes de cual es su aportación y la del resto de sus compañeros. Todos valoran el significado de su tarea y el de la tarea de los demás, todos saben que sin el otro no son nada, que la vida de cada uno está en las manos de todos. Saben que tecla tiene que tocar cada uno para que la melodía sea perfecta, y están orgullosos de la nota que representan en ella. Son uno de los mejores ejemplos de trabajo en equipo que he visto.

Comienza la aventura, Marga acciona los mandos, bajada en la jaula de toda la expedición al interior de la mina, sirenas anunciando el descenso. Risas nerviosas dentro de la jaula, inquietud ante lo que nos depara el día. Llegada al centro de la tierra, negro sobre negro, silencio en la noche, se respira soledad, se huele el miedo.

Primer aprendizaje “déjate llevar“, aconstumbrarte a no tener el control, a no tener las claves y los conocimientos, a adentrarte en un mundo en el que tu eres la dirigida, la guiada. Afloran los miedos, se caen abajo las fachadas de seguridad, aparece la incomodidad, te sientes pequeña. La decisión más sabia en estos casos es confiar y dejarse guiar por los que saben, y ahí, nuestros guías, los mineros, nos dieron toda una lección de como se lidera, como se trabaja en equipo, como se facilita el aprendizaje, como se gana la confianza, y como se logra la apertura. Desde el minuto uno, y creo que hablo por todas y todos los que vivimos la experiencia, se ganaron nuestra total confianza y nos dejamos llevar.

Segundo aprendizaje, consciencia del poder de tus creencias limitantes, de lo absurdas que son, de la poca utilidad que tienen en algunos casos y de cómo realmente te limitan. Lo más inteligente y práctico, especialmente para unas novatas como nosotras, era bajar los    metros de la “chimenea jota” arrastrando el cuerpo, como un reptil cuerpo a tierra. Siendo consciente de ello y del esfuerzo que era bajarla en cuclillas, mi mente de niña educada en colegio de monjas no paraba de enviarme fogonazos “no te ensucies” “no te arrastres”. Así que a cada poco tenía que decirme a mi misma: “estas en una mina, con un mono y botas de minero, y aquí lo que toca es arrastrarse y dejarse de florituras.”

Tercer aprendizaje, el método de motivación inversa de Rogelio, que debe ser que en la mina se invierte todo. Se invierte la vida que deja de ser en superficie para ser bajo tierra, se invierten el lenguaje pues tienen uno propio y muy sencillo (poner postes de madera es “postiar”), se invierten paredes y suelo porque en las chimeneas pierdes la noción de si pisas pared o suelo, y se invierten las técnicas de motivación. Cada vez que superábamos una dura prueba de resistencia y peligro, como bajar la “chimenea de la Jota”, ahí estaba Rogelio para decirnos “no os relajéis que todavía queda lo peor“. Y en el mundo de la empresa que yo conozco esto sería el anticristo de la motivación, pero allí abajo parece ser que funciona, porque lejos de desanimarnos, nos veníamos arriba para afrontar un nuevo reto. También es verdad que el sentido del humor de nuestros guias era un recurso motivacional que no tenía precio.

Cuarto aprendizaje: capacidad de adaptación de unas personas que llevan más de 15 y 20 años trabajando en el fondo de la mina, sin apenas contacto con personas, a excepción de sus compañeros, con pocos momentos para la comunicación, que de buenas a primeras pasan a ser guías de grupos que visitan la mina, con todo lo que ello conlleva: aprender un nuevo rol, desarrollar nuevas habilidades, trabajar en su entorno pero de una forma totalmente diferente. Lo de guías se les queda corto, no sólo aprendimos un montón sobre la mina, sino que fueron todo un ejemplo de valores como el compañerismo y el compromiso, y de habilidades como el liderazgo y el trabajo en equipo. Por sí todo esto fuera poco, nos hicieron la estancia de cinco horas, divertida, amena y enriquecedora, gracias a su creatividad (yo he visto muchas dotes teatrales en nuestro guias), su entusiasmo y su buen humor.

Quintó aprendizaje: lo que es verdaderamente la resiliencia, porque para bajar todos los días a la mina, trabajar en medio de esa oscuridad, de ese silencio, de esa soledad, sabiendo que te juegas la vida cada día, con el esfuerzo físico que el trabajo conlleva, y la tensión, hay que ser de una pasta muy especial. Eso debe ser algo que todavía no esta inventado y que es mucho más que resiliencia. Yo solo puedo decir que estuve, no llego a 5 minutos, dentro de una chimenea que debe tener 1,60 de alto por 1,20 de ancho como mucho, rodeada de paredes de negro carbón, engolada en una tablilla de menos de 25cm, con unos aparatos de seguridad colgando de mi cuerpo que pesaban 5kg y sosteniendo un martillo para picar carbón de unos 6kg, y que en lo único que pensaba mientras picaba era como se puede trabajar aquí todos los días y estar contento y ser feliz.

El valor de encontrar un significado a tu trabajo

El valor de encontrar un significado a tu trabajo

Y aquí es donde aparece el gran aprendizaje de esta experiencia en la mina, y la lección de vida que para mi me han dado nuestros guias en la aventura, los mineros. En mis 20 años trabajando con empresas y personas, de muy diverso tipo, tamaño, sector, características y lugares, nunca he visto y mucho menos he sentido un sentimiento de orgullo tan grande por el trabajo. Un sentido de pertenencia, identificación y compromiso con el trabajo. Una conciencia tan clara y tan valorada del significado del trabajo, de lo que aporta, de la importancia que tiene y de su valor. Cuando vi a Pedro, uno de los mineros, coger con la mano un trozo grande de carbón , alzarlo, mirarlo y decirrnos  “esta es nuestra vida, por esto luchamos cada día, esta es nuestra historia y la historia de muchos. Gracias al carbón se calentaron millones de hogares, esta región hizo historia, creo riqueza y cada uno de los que estamos y los que estuvieron hemos contribuido a ello con nuestro trabajo.”, me emocione, me recorrió un escalofrío por todo el cuerpo y sentí que eso es vivir un trabajo con significado, y esto es lo único que puede hacer entender que cada día bajen a llevarlo a cabo y que lo hagan felices.

Los mineros saben donde están y el significado de lo que hacen, eso les une, eso les enorgullece, eso les hace ser resilientes, y eso hace que ahora lo transmitan con pasión y orgullo a todos los que se acercan a conocer el mundo y la vida de la mina. Yo me traje un trozito de ese orgullo, un trozo de carbón picado con mi esfuerzo, que tengo en mi mesa de despacho para no olvidar el valor que tiene.

Hay mucha riqueza en el interior de nuestra tierra asturiana, y no me refiero solo a las minas y todos los recursos que de ellas pueden extraerse más allá del carbón. Hay una riqueza infinitamente superior que es la de sus gentes, los mineros, todo un ejemplo de liderazgo, trabajo en equipo, adaptación al cambio, resiliencia, motivación , creatividad, compromiso y significado. Todo un ejemplo de talento.

Desde aquí felicito a la Dirección de Hunosa por haber sabido ver todo este potencial, mostrarlo y darle el valor que le corresponde con esta iniciativa de las visitas al interior de la mina. Experiencia que recomiendo por su alto valor de aprendizaje. Te dejo un video de la visita grabado por televisión española. 

Gracias a Pedro, Luis, Rogelio, Lucas, José Angel por una aventura tan inolvidable.

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