“El comienzo de la sabiduría es el silencio” Pitágoras.

Hace semanas que me ronda por la cabeza esta idea del valor del silencio. Será porque llevo unos meses frenéticos de trabajo y proyectos, y deseo más que nada el poder practicar el silencio. Para mi el silencio es volver a casa, volver la mirada hacia dentro de mi, encontrarme con mi yo más profundo, volver a escuchar con el corazón mis más hondos anhelos, volver a sentir esa conexión con lo más esencial, más puro y más auténtico que hay dentro de mi.

Desde muy pequeña me ha gustado flirtear con el silencio, hacer escapadas a solas, aislarme de todo, perderme para encontrarme. Serán cosas de mi yo introvertido. Necesito la soledad para recargar pilas y energías. Con la edad, la búsqueda del silencio cada vez ha sido más intensa, y me he ayudado del pilates, el yoga, la meditación, o la contemplación, para pasar cada vez más momentos con él.

En el silencio encuentro la paz, la serenidad, la conexión, la energía, la sabiduría, y otros muchos recursos que me ayudan a vivir en un mundo que cada vez se me antoja más ruidoso. En el silencio doy vacaciones a mi ego, aquieto mi mente, alimento mi espíritu, ensancho mi corazón, renuevo mi energía, y lleno mi vida de sentido.

Ultimamente he tenido varias experiencias con el silencio, que me han hecho valorarlo más aún si cabe, y agradecerle todo lo que trae a mi vida. Todas ellas se han producido en apenas un mes, debe ser que el silencio también me busca a mi, o me está llamando a gritos.

La primera de ellas fue en mi último módulo de formación como Practitioner en PNL en Guadarrama. Más de 150 personas en una sala en total silencio, comunicándose solo con la mirada, el movimiento y el silencio. Pocas veces he experimentado un grado de conexión, intensidad emocional y paz tan grande como el vivido ese día. Es increíble todo lo que se puede llegar a decir, y a sentir, sin mediar una sola palabra. Quizás la palabra sea el lenguaje de la mente, y el silencio el lenguaje del corazón. Para alguien que es una enamorada de las palabras, esta reflexión y esta experiencia supone un meneo importante. Me ha devuelto a mis años de ballet donde practicaba un lenguaje y una forma de comunicarme en la que no había palabras, pero en la que experimentaba mi mayor grado de expresividad.

La segunda ha sido en una sesión de coaching que tuve hace unas semanas con un cliente. Decidí realizar parte de la misma en un parque para trabajar una dinámica de alineamiento y centramiento de todos los ejes vitales, y las 5 inteligencias según la PNL Transpersonal (la física, la emocional, la mental, la del campo energético y la esencial). Como parte de la dinámica le pido al cliente que escriba 5 afirmaciones vinculadas a cada una de esas inteligencias para reforzar el efecto de la misma. Mi cliente hacía años que no era capaz de sentarse a escribir algo más de 5 minutos, a pararse a desarrollar ideas, a planificar un trabajo, a estar 5 minutos en paz. Realmente el trabajo de escritura de las afirmaciones son 5 minutos, pero algo mágico ocurrió porque mi cliente empezo a escribir y a escribir totamente absorto, relajado, disfrutando, y yo allí simplemente en silencio, acompañando, pero sintiendo una energía y una conexión enormes. Darte cuenta que, como más estas ayudando a otra persona es simplemente estando ahí, en silencio, dejándola su espacio, su tiempo, su momento, permitiéndola ser, expresarse, estar, y qué además tu te sientes cómoda, sutilmente presente y llena de energía, es algo realmente transformador. Creo que estuvimos aproximadamente más de 15 minutos en total silencio, y cuando terminó de escribir su cara de plenitud y satisfacción fueron las palabras sin voz más bonitas que he escuchado en mucho tiempo.

Contemplar el silencio

Contemplar el silencio

La tercera en otra sesión de coaching apenas hace 10 días. De nuevo el silencio me busca y un cliente me regala la oportunidad de dárselo. Esta vez estábamos trabajando la fijación del objetivo. Mi cliente quería conseguir planificar, priorizar, organizarse empezando por ponerse fechas límites para lograr sus objetivos o realizar sus tareas y cumplirlos. Vamos mantener a raya la procrastinación. Le pedí que realizará una lista de 10 cosas que quisiera lograr en los próximos 3 meses, y no se le ocurría más que 2, yo simplemente la acompañe con el silencio, la deje pensar, reflexionar, comunicarse con ella misma y empezaron a brotar los objetivos. Estuvimos en silencio más de 15 minutos, y cuando mi cliente termino se sorprendio del resultado. De nuevo el silencio me trae enseñanzas valiosas.

No sé, quizás a partir de estas experiencias pueda prestar mis servicios como Coach del Silencio. Lo que sí se es que 3 mensajes en la misma linea en menos de un mes algo querrán decir. El silencio me susurra que es hora de volver con él, y yo deseo su compañía, porque en el silencio encuentro la serenidad, la libertad, y la sabiduría.

Necesito parar y reencontrarme con el silencio, recrearme en él, dejarme acunar por él, adormecerme en él. Es hora de parar para reflexionar, para conectar con lo verdaderamente esencial en mi vida y luego volver a emprender y continuar el camino. Es el momento de detenerse para no padecer la enfermedad de la ocupación. Es tiempo de desinfoxicación, de desconexión, es tiempo para el silencio.

Por eso, este blog cierra por vacaciones, y estará en silencio unas cuantas semanas. Desde hoy hasta Septiembre me retiro a practicar el silencio y no publicaré en mi blog. Quiero escuchar al silencio, dejar que traiga a mi nuevas ideas, nuevos enfoques. Quiero acallar mi voz para dar voz a todos los que estáis ahí, siguiéndome.  Me encantaría recibir vuestros comentarios, sugerencias, ideas para este blog, que os apetecería encontrar, que os gustaría añadir. Durante unos meses este blog será solo vuestro, vosotros seréis los protagonistas, yo simplemente contemplare desde mi pequeña atalaya de silencio.

Nos vemos de nuevo en Septiembre, muchas gracias por estar ahí, aunque sea en silencio.

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